La motivación del médico, o en casa de comunidad no muestres habilidad
Mayo 23, 2006 by drgandolfiA los médicos, igual que el valor en la mili, la vocación se nos supone. Lo que ocurre es que en la práctica, hay de todo en la viña del Señor. Hay médicos con la vocación más acentuada, los hay sin vocación, los hay que la tuvieron alguna vez y la perdieron … La vocación es algo que motiva más o menos fuertemente a muchos facultativos. Pero como los médicos somos seres de carne y hueso, hechos de la misma pasta que los demás, y compartimos la naturaleza caída del género humano, hemos de buscar qué otras razones nos incentivan para trabajar.
Hay gente que trabaja para entretenerse, porque les gusta, para pasar el rato, para estar fuera de casa y no ver a la familia … pero la mayor parte de las personas trabajan por dinero, y los médicos no somos una excepción. Es curioso, sin embargo, lo poco que nos gusta hablar del dinero y cómo, cuando en una conversación con un paciente surge el tema, solemos soslayarlo lo antes posible. También todos conocemos a gente que afirma "que no se mueve por la pasta", y luego pierde las posaderas por hacer todas las guardias y todas las peonadas que pueda.
Los médicos, en la sanidad pública, percibimos un salario base con sus complementos correspondientes independientemente del trabajo que hagamos. A ello se pueden añadir eventualmente guardias y peonadas. Dado que la naturaleza humana propende a maximizar el ingreso realizando el mínimo esfuerzo, no existe ningún incentivo material para esforzarse y trabajar seriamente en la jornada laboral teórica de 8:00 a 15:00 habitual.
Expresado matemáticamente sería: rentabilidad = ingresos / esfuerzo. Siendo los ingresos constantes, para aumentar la rentabilidad es preciso disminuir el esfuerzo. La rentabilidad sería máxima en aquel que no pega sello en todo el día.
Para intentar eludir las tareas es fundamental manifestar incompentecia profesional. Si se poseen conocimientos o habilidades específicas en alguna materia médica, éstas han de permanecer cuidadosamente ocultas. Además, hay que tratar mal a los pacientes, no con mala educación (lo que podría comportar alguna queja en Atención al Usuario) sino con sequedad y antipatía. Esa es la forma de que los pacientes no vuelvan a la visita. Además, conviene no ser perito en técnicas quirúrgicas complejas. Eso de estar tres ó cuatro horas de pie operando no puede ser bueno para la columna, y se corre el peligro de salir tarde del quirófano y no llegar a la hora acostumbrada ( a las 13:00 horas, pongamos por caso) a tomar el vermuth en el chiringuito de siempre. No, decididamente hay que ser desagradable con los pacientes en las consultas, para intentar que no vuelvan, y hay que mostrar escasa pericia quirúrgica, para evitar que nos endosen intervenciones comprometidas. Asimismo conviene evitar solucionar cualquier incidencia que se presente en la planta, no sea caso de que cuando vuelva a haber otra nos llamen de nuevo. Para medrar cómodamente en el submundo hospitalario conviene parecer un inútil y un nefasto. Tendremos pocos pacientes, operaremos poco y nuestros compañeros no nos requerirán en su auxilio. Eso sí, a fin de mes nos vamos a levantar la misma pasta que los demás.
Pero claro, alguien tiene que hacer el trabajo. Los pacientes, cuando pueden elegir, suelen escoger a médicos que les escuchan, que les atienden y que les tratan de ayudar. Las intervenciones las realizan los cirujanos motivados por su vocación, porque les gusta la cirugía y porque consideran que es su deber moral ayudar al paciente. Y los problemas que surgen en el día a día son solventados siempre por los mismos "gestores de anomalías". A fin de mes, éstos cobran igual que los mantas que no pegan un palo al agua.
El médico manta, desmotivado, emplea curiosas técnicas para librarse de sus pacientes. Por una parte, les recomienda que acudan a la visita de otro compañero "porque él sabe mucho de este problema que usted tiene". También puede solicitar pruebas complementarias a discrección. En vez de molestarse en interrogar al paciente y en explorarle, le pide por ejemplo un TAC. Entre que el TAC se hace, se informa y tal, pueden pasar tres meses. Cuando el paciente vuelva con el resultado del TAC, entonces se le pedirá otra prueba complementaria, la que sea, da igual … la cuestión es ganar más meses. Se trata de la estrategia de la patada hacia delante. Finalmente, cuando por pereza no se quiere operar a un paciente, siempre queda el socorrido recurso de remitirlo a un hospital de referencia, explicándole que allí la intervención es más segura, que allí tienen UCI, y que allí son más expertos … que allí lo bordan, vamos. El paciente, que es de natural sumiso, irá a operarse a donde le manden.
Es conocido en mi hospital el hecho de que un médico adjunto logró en cierta ocasión lidiar con los cuarenta pacientes que esperaban para ser atendidos sin levantarse él de la silla y sin necesidad de sacar el bolígrafo del bolsillo.
Consecuencia de ello es que las consultas de los médicos voluntariosos están llenas hasta los topes, así como sus listas de quirófano. Los médicos nefastos tienen consultas poco concurridas y operan poco. Y todos cobran igual a fin de mes.
Cuando la gente se va percatando de tamaña injusticia muchos piensan si merece la pena o no intentar ser un buen profesional.