Sobre la autonomía del médico
Mayo 31, 2006Al hilo del post anterior, hoy voy a comentar algo que sería fundamental para que un médico pudiera ejercer una correcta práctica. Debería tener una autonomía real en la toma de decisiones y a la hora de aconsejar al paciente acerca de cómo enfocar su problema.
Ya comenté que idealmente, el médico debería ser responsable de sus actos sólamente ante el paciente (y eventualmente ante el juez en caso de posible malpraxis, por supuesto).
En la actualidad esto no es así. El médico, en el sistema sanitario público, y a causa de la nefasta jerarquización, es responsable ante sus diversos jefes y jefecillos. No es infrecuente que lo que el médico cree más conveniente en conciencia para el paciente choque con la opinión de dichos jefes y jefecillos. En esos casos se plantean problemas de conciencia, y cada uno los solventa como puede.
Puede pensarse que como -en teoría- se trabaja en equipo, los facultativos se comentan los casos entre ellos, discuten acerca de los mismos, etcétera. En teoría es así, pero en la práctica puede ser muy diferente. La última palabra la tienen siempre los jefes y los jefecillos del equipo jerarquizado, y si el equipo decide algo con lo que el facultativo no está de acuerdo, hay que tenerlos bien puestos para explicarle al paciente que se le va a hacer tal cosa mientras nosotros pensamos por dentro que si fuera nuestro familiar nos lo llevábamos de allí rápidamente.
Las sesiones clínicas, donde se toman decisiones que se supone que consensuadas, son a menudo un espectáculo. Hay facultativos que tienen ganas de quitarse de encima pacientes, y que aprovechan las sesiones para endilgártelos (simplemente, proponen una burrada, tú sugieres una opción más juiciosa, y el jeta de turno te contesta que muy bien, que si tú crees que hay una mejor alternativa, te ocupes tú de ejecutarla). Otros disfrutan poniendo objecciones por sistema, avaladas simplemente por su chulería. Suelen ser viejos adjuntos "pata negra" con personalidad psicopática, y en las sesiones clínicas propenden al insulto personal. Hablan ex cathedra, y pobre del que se atreve a llevarles la contraria. Discutir una opinión médica suya es considerada como un insulto personal y te cuelgan la etiqueta de "conflictivo". Muchos médicos, en las sesiones, se limitan a callar, se abstienen de opinar sobre los casos de sus colegas y esperan que cuando ellos presenten sus casos los colegas hagan lo propio. El trabajo en equipo en modelos jerarquizados a veces degenera en pantomimas.
En un equipo médico, lo que se hace al final depende muchas veces no de las opiniones médicas más fundadas sino de lo que le pasa por la cabeza al jefe de servicio o a sus acólitos, del humor que tengan ese día, de las ganas de trabajar ó de cómo les caiga el paciente en cuestión. Ellos deciden qué es lo que se hace, y luego el facultativo-lacayo tiene que ir a ofrecer al paciente unas explicaciones con las que quizá está en desacuerdo en su fuero interno. Normalmente los jefes y jefecillos no dan la cara y te envían a ti a dar las explicaciones. Si aprecias tu futuro profesional en el centro en cuestión y tu nómina mensual, ya puedes ir tragando quina, diciendo amén y viendo cómo le explicas al paciente lo que otros han decidido hacer. La cara con la que se queda el paciente es la tuya, y luego, si vienen mal dadas, las explicaciones las tienes que dar tú (obviamente, los jefes y jefecillos se quitan de enmedio cuando las cosas se tuercen).
Los pacientes suelen confiar en sus facultativos y en general desconocen cómo se toman las decisiones en los equipos médicos. Muchas veces preguntan: "Y usted, doctor, qué haría?". Es muy violento tener que decirles: "Mire, yo haría otra cosa completamente diferente, pero mi jefe me ha mandado que le diga que tenemos que hacer esto otro". De hecho, nadie lo dice, porque si lo hiciera se montaría un pinfostio. Y luego pasa lo que pasa.
Lo dicho: los pacientes deberían ser responsables de su tarea ante sus pacientes, pero para ello su libertad de actuación no debería estar condicionada por una jerarquía manipuladora. Quien da la cara ha de ser el responsable, pero el responsable de verdad, no el títere de turno. Es la forma de que entre un médico y un paciente pueda haber una buena relación de confianza.
El origen del mal: la jerarquización.